
El secretario general de la COAG en Jaén y responsable de Olivar de COAG Andalucía, Francisco Elvira, insiste en que el olivar y el aceite de oliva «no es el gran beneficiado de Mercosur como nos quieren hacer creer», y añade que «incluso a corto y medio plazo puede ser un tiro en el pie para los olivareros europeos».
¿Estamos vendiendo nuestra soberanía alimentaria a cambio de nada? Francisco Elvira ha sido tajante: el acuerdo con Mercosur no es el «maná para el aceite de oliva, que la Comisión Europea intenta vender. Al contrario, denuncia que las supuestas cláusulas de salvaguarda son mentira y que se está abriendo la puerta a productos con menos garantías sanitarias y un coste ecológico inasumible».
«Desmontando el mito de la exportación frente al triunfalismo de Bruselas», COAG Jaén pone los datos sobre la mesa: los países de Mercosur no son, ni serán a corto plazo, grandes consumidores de aceite de oliva. Con aranceles que ya están al 0% en países como Paraguay, el margen de crecimiento es escaso. «Estamos sacrificando la salud de nuestros ciudadanos por la posibilidad ínfima de vender cuatro litros de aceite», advierte Elvira.
Mientras se promete una cláusula de salvaguarda para proteger a los agricultores, desde Mercosur ya han avisado de que dicho punto no figura en el texto final. COAG recuerda el precedente de Túnez, donde las medidas de protección nunca se aplicaron, distorsionando el mercado europeo de forma permanente. “¿De qué sirve un botón de SOS si no hay nadie para pulsarlo?”, se pregunta.
Además, la organización profesional alerta sobre la doble vara de medir: «mientras a los olivareros de Jaén se les asfixia con normativas fitosanitarias y laborales estrictas, el acuerdo fomenta la entrada de alimentos producidos bajo estándares mucho más laxos. Producen más barato porque se les permite lo que a nosotros se nos prohíbe», denuncia el comunicado.
Por último, Francisco Elvira señala «la hipocresía medioambiental del acuerdo. Traer productos de Sudamérica supone un impacto brutal en la huella de carbono, contradiciendo los principios de economía circular y proximidad que la propia UE dice defender. Según un artículo publicado en la web del Ministerio de Medio Ambiente, un kilo de estos «alimentos kilométricos» emite hasta 0,25 kg de CO2 antes de llegar a nuestras manos, intensificando la crisis climática que tanto preocupa a los despachos de Bruselas».
Además, Elvira insiste en que, «aunque es verdad que las condiciones de los cuatro países de Mercosur no son óptimas, sí se encuentran dentro de la zona agroclimática para el cultivo del olivo, y tienen un potencial agrario productivo enorme, lo que puede ser un disparo en el pie para el sector olivarero europeo».
Algunos datos
Haciendo un análisis de las economías, del consumo de aceite per cápita, de la reglamentación fitosanitaria de esos países, de su sistema laboral e incluso de su cultura culinaria, de gran importancia para introducir dentro de sus cocina la base de la dieta mediterránea, «nos muestran que no es oro todo lo que reluce y que son más los contras que las oportunidades».
Empezando por las expectativas de crecimiento de consumo de aceite de oliva tenemos que tener en cuenta que esto siempre se produce en un territorio por aspectos culturales y sociales. Es verdad que en Asia y el mundo anglosajón ha aumentado el consumo de aceite de oliva impulsado por tendencias saludables o suplemento gourmet, pero el nivel tras años de campañas promocionales es todavía muy bajo y siempre unido a un nivel adquisitivo medio-alto, según subraya.
Argentina: Mucha población (45 millones), pero el consumo es testimonial: solo 0,2 litros por persona al año. Además, ya exportan el 80% de lo que producen, compitiendo con nosotros.
Brasil: Es el gigante (212 millones), pero su consumo es inferior al 1% del total de aceites vegetales y el poder adquisitivo está cayendo, lo que empuja al consumidor hacia el aceite de soja.
Uruguay: Tiene el PIB per cápita más alto del bloque Mercosur, lo que lo convierte en la única economía de ingresos altos dentro del bloque comercial, según un informe de ICEX, pero solo consume 1.500 toneladas al año (la producción de un pueblo de 1.000 habitantes en la campiña de Jaén). Además, los estudios realizados por el propio país en referencia al aumento de consumo hablan de los problemas al respecto. Es un nicho, no un mercado de masas.
Paraguay: El argumento del arancel se cae por su propio peso: ya es del 0%. No necesitamos el acuerdo para entrar allí, ya somos su principal proveedor.
«Resumiendo, es verdad que está creciendo el consumo de aceite de oliva en los países del bloque sudamericano, pero a niveles mínimos, y el acuerdo de Mercosur no añade grandes mejoras ya que los aranceles en la actualidad no son altos, incluso 0 al aceite de oliva en el caso de Paraguay», precisa.
Por otro lado, con el acuerdo aprobado por los países de la UE sí se abre la posibilidad de entrada de otros productos alimenticios a España, ya que los cuatro países de Mercosur son fundamentalmente productores agrarios. En este sentido, hay que tener muy en cuenta que las condiciones laborales, y de reglamentación sanitarias no son tan estrictas como en Europa. Por lo que producen más barato y con menos garantías sanitarias.
| País | Población | Consumo de Aceite de Oliva | Producción Propia (Ton) | Observaciones de Mercado |
| Argentina | 45 millones | 0,2 litros / habitante al año | 30.000 – 45.000 | Exportan el 80% de lo que producen; son competidores directos. |
| Brasil | 212 millones | 0,4 litros / habitante al año | 193,5 toneladas | El consumo es < 1% del total de aceites vegetales; el aceite de soja gana terreno por precio |
| Uruguay | 3,5 millones | 0,5 litros / habitante al año | ~2.000 toneladas | Es un mercado de ingresos altos, pero minúsculo (1.500 toneladas). |
| Paraguay | 6,4 millones | Residual | Insignificante | Arancel actual del 0%. El acuerdo no aporta ninguna ventaja nueva para entrar. |




