La meteorología que estamos viviendo en los últimos días y semanas es algo que hacía tiempo que no se había vivido en la comarca de la Sierra de Cazorla y, a pesar de que en invierno es muy importante la lluvia, porque va directamente al corazón de los acuíferos y genera esa “despensa” de agua para nuestro olivar de cara a la siguiente cosecha, sí es cierto que las precipitaciones caídas en las últimas semanas están dificultando y paralizando la labor de recogida de la cosecha.

Las estimaciones realizadas desde el Consejo Regulador de la DOP Aceite Sierra de Cazorla el pasado verano estimaban un aforo de en torno a los 130-170 millones de kilos de aceituna. Según fue transcurriendo el verano, el otoño y el desarrollo del fruto, las estimaciones se situaron hacia los 130 millones de kilos, y a día de hoy la previsión sigue siendo la misma, ya hay recolectados unos 105 millones de kilos, con lo cual, se estima que falta aún por recolectar entre un 20-30% de la cosecha.

El Consejo Regulador siempre ha subrayado la importancia de que la recogida se haga sin retrasos, adelantándola en la medida de lo posible. Cualquier retraso hace que el fruto, que está en condiciones óptimas, se exponga a una merma en la calidad. Este está siendo un año perfecto para evidenciar los problemas que puede traer una recolección tardía.

No solo se pone en riesgo la calidad del aceite que va a dar un fruto sobremadurado, sino la pérdida de cosecha por la caída del fruto a un suelo muy embarrado y que no va a poder ser recuperado en muchos casos, lo que conlleva pérdidas económicas y de rentabilidad evidentes.

Rendimientos

El aceite está formado en el fruto en el momento en el que el rendimiento en base seca se estabiliza y se mantiene constante. El Consejo Regulador comenzó a hacer un seguimiento de este rendimiento desde el comienzo del mes de septiembre, de forma semanal, y se comprobó que la formación de aceite en el fruto estaba terminada por término medio en la semana del 20 al 26 de octubre.

En ese momento el rendimiento en base seca se estabilizó en un 42% aproximadamente, dato del Consejo Regulador que se corroboró posteriormente con los rendimientos de las partidas de aceituna que empezaron a recibir las diferentes almazaras inscritas al comenzar la campaña de recolección. Además, este dato se mantuvo aproximadamente constante durante todo el mes de noviembre y a lo largo de lo que llevamos de campaña de recolección.

Si se traslada al rendimiento en húmedo (el que se les da a los agricultores en la almazara), a finales de octubre se situaba en un 21% por término medio, cifra que a finales de noviembre (un mes más tarde) bajó hasta un 19% por término medio, debido a la ganancia de humedad por parte de la aceituna tras las lluvias de finales de octubre y del mes de noviembre.

Se trata de datos que eran lo suficientemente sólidos y claros para que todos los agricultores comenzaran la recolección; sin embargo, nos encontramos cuatro meses después y aquellos que no adelantaron la recogida ahora se lamentan, porque corren el riesgo de perder cosecha y calidad, añaden desde el Consejo Regulador.

«Adelantando la recolección se minimizan riesgos de deterioro del fruto y de pérdidas del mismo, además se obtendrá un producto de la más alta calidad. Lamentablemente las condiciones actuales hacen que el producto obtenido de la aceituna que queda por recolectarse no pueda aspirar en la mayoría de los casos a la categoría de virgen extra», agrega.

Por todo esto, una vez más desde el Consejo Regulador se vuelve a insistir a los agricultores en que adelanten la campaña de recolección lo máximo posible para preservar esa calidad y evitar la exposición de la cosecha a todos estos problemas que siempre van a tener más probabilidades de producirse cuanto más tarde se inicie la recolección.

Lo que está ocurriendo este año, aunque no está siendo frecuente durante los últimos tiempos, está dentro de los riesgos del invierno, y por ello es necesario intentar que la climatología afecte lo menos posible a la hora de recolectar, que es el momento cumbre del esfuerzo de todo el año.

Una vez terminada la recolección, es el momento de la poda, que se debe “alejar” lo máximo posible de la entrada en actividad vegetativa de la planta. Cuanto más inactiva esté la planta, menos daño hará en la misma una labor tan agresiva como es la poda, a lo que hay que añadir que tampoco se puede podar con humedad en la madera. Los condicionantes de este año están retrasando esta labor fundamental para que nuestros olivos sean productivos en las cosechas venideras y es un problema más añadido cuando se producen retrasos en la recolección.

«En un año como este, una buena poda y un olivo descansado por una recolección temprana, al llegar la primavera con los recursos hídricos que se están teniendo actualmente, se propiciará una renovación absoluta de la planta mediante una explosión vegetativa que, de cara a la próxima campaña será muy importante para generar ramas nuevas que tengan alta capacidad de producir cosecha en el futuro», concluye.

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