
Llueve sobre mojado con los aranceles y la política proteccionista que impone Donald Trump, un gravamen con el que ya se topó y castigó al aceite de oliva español a partir de octubre de 2018. El riesgo, la preocupación y las especulaciones a este respecto están ahí. Como una espada de Damocles, aunque está por ver su concreción y si otra vez el aceite de oliva español va a ser uno de los paganos de los delirios proteccionistas de esta política arcaica. ¡Qué dislate!
Un asunto en el que en un mundo globalizado no alcanzo a comprender las razones en esta sociedad en la que se abogar por primar y potenciar el comercio en el libre mercado, la apertura de nuevos mercados y la conquista de nuevos consumidores. Gran paradoja, pues, gravar y encabezar una batalla comercial en la que, como en todas las guerras, hay poco que ganar y sí mucho que perder, máxime si se hace como un trágala, una medida abusiva y unilateral para imponer un tributo trasnochado en este sistema capitalista que muda de piel en lo que supone un monumental y absurdo contrasentido.
Salvo que haya una negociación seria y responsable con la UE en la que mantengo un cierto escepticismo, con unas reglas del juego sin imposiciones ni subordinaciones, mucho me temo que lo que aquí está en juego es debilitar y dividir Europa, ahora en horas más bajas debido a la situación del eje franco-alemán, en una Europa más diversa y heterogénea, con la Italia de su amiga Meloni y con la invasión de Rusia en Ucrania, entre otros asuntos de verdadero calado. Por eso toca unidad, hacer piña, poner pie en pared y mucha diplomacia.
Sobra decir que aquí hay en juego mucho más que dinero. Se trata de un cambio de modelo. Hay relaciones comerciales consolidadas, liderazgo exportador, mucho trabajo de promoción, un producto que los estadounidenses valoran desde el punto de vista saludable y culinario, así como un enorme esfuerzo por mantener el liderazgo en el principal mercado del aceite de oliva de España fuera de la Unión Europea. De hecho, EE UU importó casi 128.000 toneladas de aceites de oliva de España en 2024, con un valor de 1.080 millones de euros, y 110.000 en 2023, lejos de las 170.000 de 2022, unas cifras mejores que las de Italia, nuestro principal competidor. Y eso, pese a las dos nefastas e inéditas campañas.
En total, Estados Unidos importó en 2024 casi 366.000 toneladas de aceites de oliva por un valor de casi 3.000 millones de euros; más de 346.000 toneladas en 2022 por un importe de 1.967 millones de euros y en 2022 la cifra totalizó casi 410.000 toneladas de aceites de oliva con una cuantía económica de más de 1.681 millones de euros.
De ahí la importancia del mercado estadounidense por cuanto la mitad del aceite de oliva que se consume fuera de la Unión Europea se importa y se consume en EE UU, un mercado que va al alza porque tiene una especial sensibilidad hacia la salud y porque tiene un poder adquisitivo que le permite consumir aceites de oliva. Ahora toca altura de miras, es tiempo de audacia, de unidad y de más Europa, desde la firmeza y la habilidad.
Por eso también es el momento de llegar a acuerdos desde la negociación, y en el caso de que no fructifique hay que aguantar el tirón durante estos cuatro años y que no cale esta estrategia de tanto proteccionismo porque, en el caso de que el postrumpismo se afianzara, corremos el grave riesgo que los aranceles puedan ser un rejón que socave el gran trabajo llevado a cabo y que se pudieran hacer estructurales en el corto y el medio plazo. Y eso sí que sería una malísima noticia. Y paralelamente también es tiempo de diversificar las exportaciones y buscar nuevos caladeros. Porque no podemos permitir que entre unas cosas y otras nuestro oro verde se convierta en oropel.
*Asensio López, director de Oleum Xauen