
Desde que vestía pantalón corto llevo escuchando la historia interminable, la eterna cantinela, la dolorosa monserga del derrumbe injustificado de los precios de los aceites de oliva en el mercado de origen.
Y así seguimos, tropezando siempre con la misma piedra, es como si el sector productor quisiera madurar, pero no aprende, como si no tuviera solución. Los costes suben y suben; el consumidor, en contra de los que algunos creen, valora de forma excelente este súperalimento por el que está dispuesto a pagarlo bien, pero las cotizaciones a veces se desploman y el producto se devalúa y se banaliza como si fuera un “commodity”, con el consiguiente perjuicio y riesgo que eso conlleva en términos de rentabilidad y de supervivencia para nuestro cultivo estrella.
Todo esto viene al hilo de la reciente actualización del estudio de costes en el sector oleícola en 2026 elaborado por la Asociación Española de Municipios del Olivo (AEMO). Un estudio serio y solvente que viene a evidenciar que tres cuartas partes del olivar español está ya en pérdidas al tener unas cotizaciones medias de tres euros y medio el kilo en el mercado de origen. Y todo ello es más acusado en el olivar más vulnerable, el olivar tradicional de montaña y de pendiente. Un desplome, una caída de precios sin motivo aparente y que es preocupante se mire por donde se mire.
Unos precios que no benefician prácticamente a nadie y que son similares a los de hace una década, con lo que ha subido el coste de la vida y con la gran promoción realizada sobre las bondades de este producto tan saludable como único. Una condena, el de la trivialización de los precios, que el sector productor parece no ser consciente de su gravedad y que no pone pie en pared por cuanto sigue desestructurado, atomizado, tremendamente desequilibrado entre la oferta y la demanda, que no está todo lo profesionalizado que sería deseable y que además es tan heterogéneo como intereses concurren en el mismo, a lo que se une un componente psicológico disparatado, que debería ser digno de un exhaustivo análisis por parte de sesudos expertos, sobre todo porque no tiene ni pies ni cabeza. Para mear y no echar gota, si me permiten la grosera afirmación, pero es que clama al cielo.
Ante este escenario me hago dos simples preguntas siempre a propósito de la caída en picado de los precios de los aceites de oliva. La primera: ¿cómo es posible que buena parte del sector venda a pérdidas? En mis conversaciones con los que más saben de esto siempre llegamos a la misma conclusión: que mucha gente no echa cuentas de su trabajo y de los costes de producción, además de que un alto porcentaje de olivareros no vive del olivar como primera actividad, si no que lo tienen como un mero complemento de renta.
Tal vez por eso no piensen como deberían en cómo subir los umbrales de rentabilidad y quizás por ello se permita ese contexto inexplicable de venta a pérdidas. Pero ¡ojo! Eso es como una espada de Damocles por el posible riesgo de abandono del cultivo en el medio y el largo plazo ante la llegada de las nuevas generaciones. Y, además, un hecho que pueda pasar inadvertido. Es como si el mercado ya descontara también en el precio final de venta del producto lo que ingresa un olivarero vía subvención comunitaria. Quizás estos dos argumentos sean lo que hagan que el precio no sea el razonable, que las cuentas no cuadren como deben y muchas veces no salgan los números como deberían en un sector productor que debe y tiene que hacer mucho examen de conciencia y más autocrítica.
Y la segunda pregunta: ¿por qué no se vende con valor un súperalimento tan acreditado y prestigiado como el de los aceites de oliva? La razón está clara. Creo que el mismo productor no valora en su justo término, como sería conveniente, el producto, en líneas generales. Y además, tiene poca autoconfianza en el mismo, aunque es una cuestión que puede tener solución si se toma conciencia de lo que vale y de sus beneficios a todos los niveles. Para eso también es necesario liderazgos fuertes, sólidos y carismáticos en todos los segmentos de la producción, desde la cosecha temprana hasta los grandes volúmenes para salir de esta dinámica perversa de mercado que estanca y lastra al sector con precios que suponen en este momento una anomalía.
Y el mercado puede ser insaciable, tanto por defecto como por exceso, pero este sector productor necesita de estabilidad y consistencia en el corto, el medio y el largo plazo. Y tiene la obligación de hacerlo y de poner las medidas necesarias por su bien y por el de todos. Y entre el inmovilismo facilón y el ir como pollo sin cabeza caben otras opciones, como pasar a la acción con estrategias útiles y efectivas que redunden lo máximo posible en el interés general. Tú ganas, yo gano. “A més a més”, como dice la expresión catalana.
*Asensio López, director de Oleum Xauen




