
El agua siempre es balsámica, un bálsamo curativo, un remedio que genera y da vida, que riega los campos secos, que alivia el estrés hídrico de los árboles y de la naturaleza, llena los pantanos y rellena los acuíferos, con las positivas repercusiones que eso tiene para el abastecimiento humano, para el regadío del agro, para la biodiversidad, para la generación de empleo y de riqueza. Ha llovido, y en algunas zonas de forma copiosa, por lo que este cambio de tendencia y de ciclo ha traído alegría, esperanza y buen pálpito.
Ahora que llueve es tiempo de afrontar la sequía futura, de adoptar las medidas que se necesitan para encarar el medio y el largo plazo, de hacer los deberes pendientes y de ejecutar todas las recomendaciones y las decisiones que son necesarias para cuando llegue otro ciclo de prolongada falta de precipitaciones, que a buen seguro vendrá. No tengan la menor de las dudas. Es la hora de la planificación y de la gestión, de los proyectos y de las obras, no del frentismo ni de la dejación de funciones; el agua, sus inversiones y sus proyectos no pueden ser nunca utilizados como arma arrojadiza para hacer política en minúsculas, nunca partidista, baldía e infructuosa para hacer frente al cambio climático y a la emergencia climática que nos atenaza.
También es oportuno subrayar el componente psicológico, por irracional, que tienen la abundancia de lluvias sobre el olivar, circunstancia que tiende a asociarse a buena cosecha y, por eso del efecto dominó, descenso automático e incomprensible de precios de los aceites de oliva. Un producto que, llueva más o llueva menos, siempre hay que darle valor por las propiedades saludables que tiene para la alimentación y para el planeta, máxime cuando no es excedentario y su buena calidad se suele pagar.
Ahora que los pantanos de la cuenca Guadalquivir han aumentado sus reservas en este pasado mes de marzo en 19 puntos (unos 1.540 hectómetros cúbicos), casi 1.100 en el sistema de regulación general, del que depende el suministro para más del ochenta por ciento de las hectáreas de regadío de la demarcación del Guadalquivir, es un buen momento para incrementar las dotaciones de riego. Una decisión que se tendrá que refrendar en la próxima Comisión de Desembalse de la Confederación Hidrográfica del Gualdalquivir (CHG) y en la que hay que demandar que haya más sensibilidad con los cultivos más sociales, como el del olivar, por la riqueza y el trabajo que genera.
*Asensio López, director de Oleum Xauen