
Ahora que llega la celebración de una nueva edición de la Feria Internacional de Turismo (Fitur), un verdadero escaparate mundial y una gran ventana para mostrar al mundo lo mejor de cada tierra, es un buen y oportuno momento para reflexionar sobre el oleoturismo, la palanca que debe y tiene que servir como generadora de riqueza y de autoestima de la provincia de Jaén.
Un territorio como el jiennense que debe aspirar ya a superar la barrera del millón de visitantes al año y aumentar las pernoctaciones y la estancia media de los turistas a más de tres noches, aún reconociendo que son cifras modestas en comparación con otras zonas. Poco a poco se anda lejos si hay constancia, promoción y calidad en la oferta.
Y el oleoturismo es una formidable pata, una espléndida oportunidad, que puede contribuir a esta legítima y necesaria aspiración. Y Jaén, como máximo exponente productor de aceites de oliva con ese tapete inconmensurable que forma su plateado mar de olivos como elemento diferenciador, tiene el deber y la obligación de liderar y capitanear este segmento turístico desde premisas serias, solventes, rigurosas y del máximo atractivo para que el turista no pase de largo, tenga que hacer parada y fonda, y hasta repita visita en los confines territoriales de sus 97 municipios con sus múltiples y fascinantes reclamos naturales, paisajísticos, gastronómicos y monumentales.
Porque todo ello conforma una oferta sobresaliente, única y exclusiva nucleada en torno a entre sus sesenta y setenta millones de olivos cuyo fruto da como resultado ese superalimento procedente de un cultivo que tantas bondades tiene para el planeta y para las personas.
El oleoturismo, la perfecta conjugación, simbiosis y fusión del sector oleícola con la actividad turística, tiene un grandísimo potencial y un más que prometedor futuro para un nicho de mercado conformado por personas ávidas de conocer y disfrutar de nuevas experiencias del patrimonio del sector del olivar y de los aceites de oliva, para lo cual se requiere presentar una oferta potente, original, imaginativa, con valor añadido, profesional y con más promoción para coronar con éxito este reto.
Un desafío que debe ser algo más que un deseo y un gesto voluntarista para hacer de Jaén el destino eminente y preferente de los viajeros que quieren conocer con todo lujo de detalles el sector oleícola desde el campo a la mesa. Y quedar así imbuidos, persuadidos y satisfechos de tal manera que se conviertan en los mejores prescriptores y sean correa de transmisión para que vengan más y más visitantes al paraíso interior de Jaén, una marca turística que el año que viene cumplirá 30 años. Es decir, hay que abundar en la profesionalización, en un mayor conocimiento de la demanda y por supuesto en las estrategias de mejora de la comercialización y de la promoción.
Un segmento el del oleoturismo que se encuentra aún en pañales, por lo que tiene un grandísimo margen de crecimiento para su desarrollo y para posicionarse en cotas mucho más altas ampliando y diversificando la oferta para satisfacer la demanda, con lo que eso tiene de positivo desde el punto de vista económico por el aumento del gasto medio del turista, de las pernoctaciones y de la generación de valor y de renta si conseguimos cuanto antes que Jaén sea el destino de referencia en cantidad y calidad del producto oleoturístico.
*Asensio López, director de Oleum Xauen




