Esta semana se harán públicas las cifras finales de la cosecha 2024-2025, a falta de los ajustes definitivos de los próximos meses, y se pondrá de manifiesto la vuelta a la normalidad productiva al obtenerse una producción nacional en el entorno de 1,4 millones de toneladas, de los cuales más de un millón producidos en Andalucía y medio millón en la provincia de Jaén, el territorio más productor del mundo y también el de mayor calidad de zumos naturales de aceituna fresca.

Y ahora, superadas ampliamente las estimaciones oficiales, es cuando es el tiempo de comenzar a hacer balance, de poner blanco sobre negro, de hacer la evaluación final, de valoraciones rigurosas, de análisis contextualizados, solventes y nada superficiales, e incluso de llevar a cabo cualquier revisión si es preciso. También esta semana está prevista la Comisión de Desembalse de la CHG que analizará la situación hidrológica y las previsiones de la campaña de riego en función de los distintos escenarios posibles.

Pero ahora, con los datos en la mano y más allá de si se animan las lluvias a regar el campo, es el momento de las ansiadas precipitaciones que necesita el olivar para aliviar su déficit hídrico, para rellenar los acuíferos y colmar los pantanos para una futura campaña de regadío que salve en buena medida la próxima cosecha.  Sin olvidar, claro está, que las temidas olas de calor en el momento de la floración, la polinización y el cuajado del fruto hacen más daño incluso que la falta de lluvias.

Y de acuerdo con estos datos y con el de la producción mundial es el momento de intuir la tendencia de los precios de acuerdo con la oferta, la demanda de consumo y las expectativas de cosecha para afrontar la segunda parte de esta campaña. Me reafirmo en la posición que he mantenido desde hace muchos meses y es que no había una justificación razonable para que en la primera parte de la misma las cotizaciones se hayan desplomado, hayan sufrido un brusco aterrizaje y no se hayan podido poner diques de contención a unos precios medios por encima de los cinco euros, con lo que eso supone en términos de renta y de prestigiar un producto que lo vale y por el cual se paga por su excelencia nutritiva y saludable.

No se trata de dar lecciones, ni tropezar con la misma piedra ni de ajustar cuentas. Pero sí de enterarnos de una vez, ya va siendo hora, que la campaña dura 12 meses, no 12 semanas, como muchos parecen empeñarse en demostrar año tras año. He escrito en numerosas ocasiones que las estrategias, las hojas de ruta, los planes estratégicos, los balances deberían ir, dentro de una cierta flexibilidad pero sin volantazos, desde octubre a octubre. Parece una perogrullada, pero los hechos me hacen reafirmarme que nada más lejos de la realidad. Este sector, en general, sigue tropezando, campaña tras campaña, con las mismas piedras. Como si le cogieran cariño a los tropezones y a los traspiés. No se trata de coger la aceituna y hasta la próxima.

Por eso no hay que precipitarse, hay que actuar con una clara orientación al mercado todo el año, con criterios profesionales dejando a un lado todo componente emocional y psicológico, sabiendo que los intereses en este sector no son iguales para todos, que el mercado es muy grande y que hay que salir fuera a conquistarlo; en fin, lo de siempre, que se avanza lentamente en esta asignatura de la comercialización y de la generación de valor, en la que se no se madura todo lo que debería ser necesario y no se sabe o no se quiere aprender todo lo que sería lo deseable. Por eso, en muchas ocasiones, no es de extrañar que se vuelva a la casilla de salida. Y vuelta a empezar.

*Asensio López, director de Oleum Xauen

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