La escalada de precios de los aceites de oliva, con máximos históricos, parece no haber tocado techo en una campaña 2022-2023 que contará con una escasa disponibilidad de la mejor y más saludable grasa vegetal.

Al enlace de 453.000 toneladas en España habrá que sumarle la producción de esta cosecha, que se estima en unos 750.000 toneladas, lo que hace un total de una disponibilidad de 1,2 millones de toneladas, que se presume muy corta cuando en la pasada campaña se ha llegado al récord de comercialización con cifras muy superiores a las 1.650.000 toneladas.

No obstante, justo es reconocer que otras organizaciones, como Asoliva y Anierac, estiman una producción nacional por encima de las 900.000 toneladas, que incluso puede llegar hasta las 1.100.000 si hay una buena otoñada de lluvias, circunstancia que elevaría la cifra de aceite disponible de manera significativa.

Más allá de elucubraciones y pronósticos hay un hecho irrebatible, que es la ley de la oferta y la demanda por la que se rige el mercado. La acusada subida de los precios en el mercado de origen, que tiene también su traslación en los lineales y en destino, puede constituir un arma de doble filo si no hay un equilibrio, lo que puede ahuyentar a parte de los consumidores por estas fuertes tensiones de precios.

Entiendo y comprendo que no hay varitas mágicas para saber gestionar y administrar esta situación que colme las aspiraciones de todas las partes. El sector productor se deja llevar porque le favorece esta situación, aunque en su fuero interno tiene dudas si esta tendencia alcista puede condicionar el consumo de aceites de oliva en el futuro por el hipotético riesgo de huida de consumidores hacia otras grasas vegetales.

La lección que habría que sacar de esta extraordinaria situación de precios elevados y de su contraria, cuando están por debajo de los costes de producción, es que el sector productor debe ser audaz, despierto y perspicaz para intentar poder mantener unos precios dignos con estabilidad, sin pronunciados dientes de sierra, que satisfagan los intereses de todos los eslabones de la cadena sin que les incomoden por exceso o por defecto, desde el equilibrio y la rentabilidad para todos.  Ese debería ser el desafío.

*Asensio López, revista Oleum Xauen

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