Iniciamos marzo, el sexto mes de la campaña oleícola, y la recolección del fruto está sin terminar; es decir, “la casa sin barrer”. Bien es verdad que ha llovido y que ha habido muchas interrupciones en los trabajos de recogida; pero esta circunstancia, que ha sido buena en términos generales para el campo, debe hacernos reflexionar sobre la conveniencia del adelanto general por muchas y poderosas razones. Y no sólo para los aceites premium, también para los maduros y para los volúmenes. Recuerden que la emergencia climática es un hecho, que no hay relevo generacional por muchos mantras que nos vendan y que la mano de obra escasea y aún no ha tocado fondo este grave problema. Por eso, hay que anticiparse a los obstáculos en la medida de lo posible. Y uno de ellos pasa por la recogida de la cosecha temprana de forma continua y continuada. Sí o sí.

Escucho estos días sesudos análisis, datos “a gogó”, cifras muy dispares, medias verdades e interpretaciones de todo tipo que dicen una cosa y la contraria respecto a lo que se ha podido perder por este temporal, pero estoy seguro que el año que viene se volverá a tropezar con la misma piedra de iniciar la recolección de una forma generalizada a partir del puente de la Inmaculada. No falla. Este sector es de costumbres y está anclado muchas veces en el pasado. Le cuesta romper la dinámica y apostar por otras tendencias y nuevas estrategias. Y cuando rompe con la tradición no es por convicción, es porque han visto al vecino de al lado o algunos visionarios beneficiarse de las ventajas económicas que esta o aquella estrategia puede traer consigo, como ha sucedido con la conquista de la calidad, que es un hecho tan reciente como incuestionable. Ahora bien, hay que subir más escalones y hay que ir de una manera decidida a por la consecución de darle valor al producto. Y eso se hace a través de muchos factores que no voy a repetir y a reiterar tantas veces. Tengo siempre la sensación de clamar en el desierto en este sector con intereses tan heterogéneos y tan contrapuestos entre los distintos eslabones de la cadena de valor.

Y ahí seguimos hablando de si son galgos o son podencos, perdiendo el tiempo en debates triviales e irrelevantes sin atacar las verdaderas cuestiones de fondo y de importancia de este sector que, pese a todo lo que se fustiga, conviene destacar lo mucho que ha cambiado en determinados aspectos y que, en líneas generales, no le va tan mal como dicen siempre en sus lamentos y en sus exposiciones particulares.  Es tiempo de madurar y de crecer dándole valor a este superalimento. Ya toca en este sector y dejar la cantinela de siempre, que nos la sabemos de “pe” a “pa” en la teoría, que si liderazgo productor, que los campeones en producción, el rendimiento, que la calidad hay que pagarla, que si los precios, que si tal y tal…

Mirad no nos engañemos ni engañemos a nadie. Esto es un negocio que hay que administrar desde un punto de vista eminentemente profesional y con una concepción empresarial, con una planificación comercial y sabiendo dónde estamos y a dónde queremos ir, para lo cual hace falta una mayor profesionalización, más dimensión, más poner al consumidor en el centro del debate y, sobre todo, rascarse más el bolsillo en promoción, en comunicación y en una verdadera red comercial para vender más y mejor en un mundo que es muy grande.

*Asensio López, director Oleum Xauen

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