
Enfilamos el último mes de esta campaña oleícola 2025-2026 en la que hemos vuelto a las andadas, hemos desaprendido lo aprendido y desandado lo andado. Nos encariñamos demasiado con tropezar con la misma piedra de los bajos precios sin motivo aparente que justifique este rumbo equivocado, sobre todo para el sector productor y especialmente para el olivar menos productivo, el tradicional y el más vulnerable.
Es como si muchas veces se actuara por pura inercia o como si esta situación no tuviera solución o no fuera con nadie. ¡Qué pereza! ¡Cuánta pasividad! ¡Qué hartazgo! Me refiero a la venta por debajo de los costes de producción. Comercialización a pérdidas que le llaman. ¡Menos mal que hay una Ley de la Cadena Alimentaria que busca equilibrar las relaciones comerciales entre los diferentes operadores!
A lo mejor este sector tiene lo que se merece y acepta las cosas por una supuesta y mal entendida comodidad. Después de tantos años de reflexiones periodísticas y cavilaciones oleícolas cada vez reconozco menos a este sector y lo que pasa en él. Como si no evolucionara en este asunto capital del comercio, que parece estar no muy incómodo con este entorno disparatado, de cierta hostilidad en las cotizaciones incluso, que parte del mismo sobrevive con cierta resiliencia no sé cómo y que parece que quiere aprender a rentabilizar y a gestionar esta absurda incertidumbre de menoscabo y de desdicha, de episodios embarazosos de merma de ingresos por mor de este cierto hundimiento de los precios del todo punto descabellado e inadmisible.
No entiendo esta soberana contradicción, estas incoherencias que provocan hastío y cabreo, esta absoluta paradoja: cosecha corta y precios bajos. Y menos tratándose de un superalimento como es el AOVE, más que demostrados a través de múltiples evidencias. Una situación que provoca no poca perplejidad y desconcierto. Y el sector, en líneas generales, no sale de su letargo, no despierta, parlotea mucho en conversaciones de barra al tiempo que elude en parte su responsabilidad mientras demanda y reivindica, con brío y energía, que otros espabilen, les saquen las castañas del fuego y llénate. Y así regresamos al punto de partida, a la casilla de salida y seguimos con esta funesta y fastidiosa espiral de falta de rentabilidad y con una hoja de ruta de ceguera y no poca sordera.
Así acabamos esta campaña, atípica, anómala y rara. Mucha agua, demasiados parones en la recolección, normalización de la campaña de riego, rendimientos bajos, una cosecha media-cortita, con más comercialización que producción, lo que atestigua una vez más que el aceite de oliva no es un producto excedentario, con las importaciones disparadas, con una tendencia de precios realmente por debajo de lo que debería de estar en el mercado de origen y con un enlace que se presume en la órbita de las 300.000 y las 400.000 toneladas, y eso teniendo en cuenta que en octubre se produce muy poco aceite, los premium y los auténticos zumos naturales de fruta fresca de aceituna que tanto se cotizan al ser un producto muy codiciado.
Y con este “background” o trasfondo llegará a partir del próximo 1 de octubre la campaña 2026-2027, que ojalá sea ya la de la hora de la verdad para la mejora del comercio, de la comercialización con valor y de poner en práctica lo aprendido y sufrido, si es que se ha aprendido algo. Yo no quiero ser agorero ni echarle agua al aceite, pero la situación, el contexto y el entorno invitan a pensar que no sea muy optimista. Ojalá me equivoque y se le dé la vuelta como se le da a un calcetín. Vamos a ver si se madura y se aprende en este sector tan heterogéneo, desestructurado y con intereses a veces contrapuestos.
*Asensio López, director de Oleum Xauen




