Una monografía incluida en el Informe Anual de Coyuntura del Sector Oleícola de la Cátedra Caja Rural de Jaén José Luis García-Lomas Hernández de Economía, Comercialización y Cooperativismo Oleícola, que dirige el profesor Manuel Parras Rosa, concluye que el 70% de la población no sabe que la tipología aceite de oliva es mezcla de virgen y refinado. Dicha monografía, que se basa en un estudio cuantitativo mediante entrevistas telefónicas. ha sido desarrollada por los profesores de la Universidad de Jaén Elisa Garrido Castro, Eva María Murgado Armenteros y Francisco José Torres Ruiz bajo el título ¿Qué deben saber los consumidores sobre los aceites de oliva para mejorar su nivel de conocimiento?

Las conclusiones de la monografía revelan que a pesar de que España es el primer país productor de aceites de oliva del mundo y este producto está muy arraigado a la gastronomía y cultura del país, “llama poderosamente la atención el elevado grado de desconocimiento y confusión que existe en el mercado sobre las características básicas y diferenciadoras entre los distintos tipos de aceites, que resumimos en que un 70% de la población no sabe que el aceite de oliva es mezcla de virgen y refinado; es decir, no tiene la información (conocimiento) miníma necesaria para saber lo que compra”.

Aseguran que la demanda de aceites de oliva vírgenes está estrechamente relacionada con el nivel de conocimiento del consumidor sobre esta categoría del producto, como los tipos, las características o los beneficios; esto es, a mayor conocimiento del consumidor, mayor consumo de aceites de más calidad, por lo que “una mejora del conocimiento del consumidor llevaría a un incremento en la demanda de aceites vírgenes a través de una elección de compra más consciente y menos arbitraria”. Asimismo, la frecuencia de uso también se relaciona positivamente con el conocimiento, por lo que si los ya consumidores mejoran su grado de conocimiento, aumentarán el uso de estos aceites de mayor calidad.

Por ello, entienden que la comunicación y la promoción de los aceites de oliva debería orientarse hacia informar de manera clara al consumidor, sin ambigüedades ni mensajes confusos; a potenciar el consumo de los aceites de oliva de más calidad, remarcando que existen distintos tipos-calidades de aceites de aceites de oliva y que el aceite de oliva es un producto mezcla (no puro zumo de aceituna, característica propia solo de los vírgenes), al tiempo que incide en que la acidez no es un parámetro de calidad ni está asociada al sabor.

Insisten, además, en que un conocimiento elevado se traduciría en la existencia de distintas categorías de aceites en la mente del consumidor, con características diferenciadas, utilizados para usos diferentes y con precios por categorías distintos, donde las marcas de aceites de gran calidad sólo competirían con aceites de similares características, y no con promociones de aceites de menor calidad, dado que “ante un patrón generalizado de desconocimiento, el precio se convierte en prácticamente la única variable relevante para decidir”.    

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